Disfruta de los alimentos con los cinco sentidos

A la hora de comer utilizamos de igual forma vista, oído, olfato, gusto y tacto
Autor/es: Redacción
Actualizado el 28/02/2012
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Buenos hábitos
 
Comer es una necesidad básica, pero también un placer en el que cada sentido entra en juego. Por eso, cuando alguno de nuestros sentidos no está al cien por cien puede provocar que no acabes de disfrutar de lo que comes. Por ejemplo, cuando estás resfriado y tienes la nariz tapada no notas el sabor de los alimentos, y lo mismo ocurre si fumas.

Pero los condicionantes físicos no son los únicos que pueden hacer que sientas una comida más o menos sabrosa. El estado de ánimo también condiciona la percepción de la comida. Y para demostrártelo nada mejor que este ejemplo: imagínate en una fiesta, relajado y contento. Posiblemente valorarías la comida mucho mejor que si tomaras el mismo menú durante tu descanso laboral del mediodía, pensando en todo lo que tienes que hacer por la tarde y casi sin tiempo para saborear lo que comes. Las preocupaciones y el estrés provocan que no se tengan los sentidos puestos en la comida.
 

Un plato bien presentado es mucho más apetecible

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A la hora de comer utilizas de igual forma vista, oído, olfato, gusto y tacto. Cada sentido que deja de entrar en juego disminuye puntos en el baremo de la satisfacción de la comida y, en consecuencia, la notas diferente, peor.

Los verdaderos artistas de los fogones han tenido en cuenta esto desde hace años. De hecho, actualmente los cocineros de vanguardia hacen bandera de la estimulación de los sentidos y del valor añadido que tiene este tipo de cocina. Así, para potenciar el sabor de los alimentos pueden (y puedes) utilizar ingredientes como la sal, el vinagre, las hierbas aromáticas o ciertos licores.

Pero… ¿cuál es la relación concreta que se establece entre la comida y cada sentido? A continuación las analizamos una a una:
  • Vista. Comemos con los ojos, se dice. Una buena presentación de los alimentos aumenta la salivación y se segregan sustancias que favorecen la digestión. De hecho, cuando algo no apetece resulta más difícil de digerir. De ahí la importancia de que, además del plato, la mesa y la sala sean vistosas.
  • Oído. Al masticar oyes como los alimentos se trocean en la boca, un factor añadido de placer que se une a su sabor y olor. Por ejemplo puedes identificar algo crujiente, escuchar el hervor en la cocina o el aceite de la fritura. Todo esto te predispone a saborear los alimentos.
  • Olfato. Es el sentido que te permite disfrutar de un alimento de lejos, antes de comerlo. También te defiende de una preparación en malas condiciones, pues su olor lo descubre. Los olores que guardas en la memoria desde pequeños asociados a situaciones placenteras, como por ejemplo una barbacoa en el campo o las fiestas en casa de un familiar también pueden hacer que disfrutes más con cierto tipo de comida. Pero este sentido puede atrofiarse por varios motivos, como por ejemplo el uso de ciertos medicamentos o fumar.
  • Gusto. Los gustos básicos son dulce, salado, ácido y amargo. Actúan mediante unas papilas gustativas situadas en determinados puntos de la lengua que, además, evolucionan a lo largo de la vida. Las primeras en desarrollarse son las del sabor dulce y son también las primeras en envejecer. Esto explica la afición de los ancianos por los dulces, ya que necesitan mayor concentración de azúcar para obtener la satisfacción que recuerdan.
  • Tacto. Pan tostado, cereales, helados, cremas… son alimentos con una textura muy diferente. La lengua las identifica y puedes experimentar un gran placer al comerlos sobre todo gracias al contraste.

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